Terça-feira, 31 de Janeiro de 2012

 

 

Esta obra discute o papel do design em nossa época, caracterizada ao mesmo tempo pelo excesso de informação e imaterialidade. O autor ressalta que, para que o design seja efetivo no mundo atual, deve-se considerar sua complexidade como “um sistema composto de muitos elementos, camadas e estruturas”. E cita a internet como maior exemplo: uma rede complexa a ponto de não ser inteligível. Seu livro é o oposto: expõe os dilemas dessa complexidade de maneira clara e acessível, tanto para o leigo quanto para o estudioso.

Design para um mundo complexo atualiza a discussão proposta por Design para o mundo real, publicado há quarenta anos, em 1971. Seu autor, o designer norte-americano Victor Papanek, alertava para a perda de sentido do design de matriz modernista crescente e perversamente estetizado em face de um mundo assolado pela miséria, violência e degradação, e conclamava os designers a saírem de seu universo autoreferente para projetarem soluções para o mundo real.


Para saber mais sobre esta obra de Rafael Cardoso, publicada pela Cosac Naify, com ilustrações de Francisco França e capa de André Stolarski, basta navegar até aqui.

 



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Segunda-feira, 30 de Janeiro de 2012

 

 

Tríptico de recuerdos... y bienvenida

 

¡Por fin volvió el Hay Festival a Cartagena de Indias!, comenta la gente en la ciudad colombiana. Y sólo ha pasado un año desde la última vez. Se refieren al inicio hoy del certamen cultural y literario creado aquí en 2006, pero fundado en Hay-on-Way (Gales) en 1988 y reproducido en otra media docena de ciudades de todo el mundo. Daniel Samper, Óscar Collazos y Mario Jursich, tres autores colombianos que no se han perdido ninguna de las otras seis ediciones del Hay Festival de Cartagena de Indias ejercen de anfitriones y dan la bienvenida a los lectores que nos siguen en este escenario virtual con el cual queremos llevar a sus ordenadores este evento: EL PAÍS en el Hay de Cartagena 2012. Los escritores nos cuentan las huellas que han dejado en sus vidas esta cita literaria. El resultado es un tríptico de recuerdos y de invitaciones a no perderse esta cita cultural que este año reunirá a más de cien creadores de todo el mundo en 66 eventos diferentes.

 

Con Samper, Collazos y Jursich abrimos la sección Bitácora coral de nuestro especial en la cual, cada mañana, tres autores invitados al Festival contarán en primera persona sus vivencias en una ciudad que desde hoy y hasta el domingo espera recibir a 35.000 personas en una quincena de escenarios. Por ello este diario ha preparado el especial EL PAÍS en el hay de Cartagena 2012, cuya programación puedes consultar aquí.

 

Para continuar a ler, é clicar aqui.

 



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Sexta-feira, 27 de Janeiro de 2012

Composición de 1958 de Gyula Kosice para 'Grupo argentino Internacional Art Madi' y, a la derecha, portada de '7 pintores abstractos' (1957). / [AUTFOTO]collection gyula kosice / galería pizarro

 

 

Frida Kahlo, según su marido, Diego Rivera, es “la pintora más pintor y la prueba mejor de la realidad del renacimiento del arte de México”. Así lo escribió en un largo artículo de 1943. En el Manifiesto Madí de 1947, firmado por Gyula Kosice, Rhod Rothfuss y Arden Quin, quedan claras las directrices para los artistas que lo asuman: “El dibujo madí es una disposición de puntos y líneas sobre una superficie. La pintura madí, color y bidimensionalidad. Marco recortado e irregular, superficie plana o superficie curva o cóncava. Planos articulados con movimiento lineal, rotativo y de traslación”. Son dos ejemplos, elegidos al azar, entre los más de 10.000 documentos del Archivo Digital de Arte Latinoamericano y Latino (en Estados Unidos) del siglo XX puestos esta semana a disposición del público por el Museo de Bellas Artes de Houston (MFAH) y el Centro Internacional para las Artes del Continente (ICAA) en http://icaadocs.mfah.org.

 

Una labor que ha llevado más de 10 años y 50 millones de dólares (38,5 millones de euros), realizada por un equipo de un centenar de investigadores de 16 ciudades: de Buenos Aires a São Paulo; de Bogotá, Lima, Nueva York a Los Ángeles. La importancia de esta iniciativa estriba en que ha reunido y preservado documentos de una historia que todavía tiene muchos capítulos por fijar. “Se podría argumentar que la historia del arte latinoamericano del siglo XX está aún por escribirse”, afirma Mari Carmen Ramírez, directora del proyecto. “Al proveer acceso a fuentes esenciales provenientes de diversos países y contextos, el Proyecto de Documentos del ICAA pretende establecer las bases para una futura historia comparativa del arte moderno y contemporáneo de los países latinoamericanos”.

 

El arte latinoamericano vivió con pasión en el siglo XX todos los signos del modernismo. La abstracción o el surrealismo, el geometrismo y diferentes movimientos de acción política o estética, tuvieron su reflejo. ¿Reflejo? Así lo pensaban los propios protagonistas, de alguna manera disminuidos ante el poco aprecio internacional de sus manifestaciones. Se triunfaba en Europa y en Estados Unidos. El éxito local era un premio de consuelo. La proverbial incomunicación entre los propios países latinoamericanos hizo que la mayoría de los documentos surgidos de estas manifestaciones y artistas quedara dispersa. “Estamos ante un testimonio del alto nivel que alcanzó la producción intelectual”, explica la puertorriqueña Mari Carmen Ramírez. “Demuestra que en América Latina no solo se produjo arte, sino pensamiento teórico sobre el cual se fundamenta la producción artística. Se encontrarán muchos casos en que los latinoamericanos se anticiparon tanto en la teoría como en la práctica a desarrollos artísticos importantes en EE UU o Europa”.

 

 

Para ler o artigo completo de Fietta Jarque basta clicar aqui.

 



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Quinta-feira, 26 de Janeiro de 2012

 

(Egyptians set off fireworks in Tahrir Square in Cairo to celebrate the first anniversary of

the 25 January uprising against Hosni Mubarak. Photograph: Mohamed Omar/EPA)

 

 

A year after the overthrow of Egypt's Hosni Mubarak, protesters return to Tahrir Square to hold the military to account

 

The final approach to Qasr el-Nil bridge on Zamalek island runs past a series of shaded gardens surrounding the national opera house, a rare patchwork of green amid Cairo's fume-choked Tarmac quilt. Mahmoud Hamdy remembered walking down this same road exactly a year ago to the day, heart pounding and eyes burning, as thousands of anti-regime protesters burst through police lines and struck a fatal blow to one dictator's three-decade aura of invincibility.

 

"I felt so confident that afternoon, almost dizzy," said the 24-year-old. "But when we reached the bridge there were lines of security troops blocking our way. They were there again on 28 January, making their last stand against the people.

"It was so difficult to pass, but we knew that everything rested on us doing so, everything rested upon us reaching Tahrir."

Twelve months later Hamdy once again found Qasr el-Nil impassable as he tried to make his way towards the capital's main square, the name of which has now become globally synonymous with occupation, resistance and revolt.

 

This time though it wasn't Hosni Mubarak's hated security forces blocking the way but hundreds of thousands of like-minded fellow citizens, all intent on converging on the same plot of land. They waved flags, held aloft placards, sang and danced and raised their fists in memory of the martyrs, filling first Tahrir, then all the traffic arteries leading into it, and then all the capillaries that branched off from them, until central Cairo – its buildings, its cars and, on Wednesday, its overwhelming volume of people – coagulated into one big revolutionary clot. "These are the Egyptians," nodded Hamdy approvingly. "This is how we speak our mind."

 

In the 365 days since Egypt's revolution erupted with a breathtaking shudder on to the world stage, the gap between its hopes and its achievements has yawned wide for Hamdy. Like so many others, he watched friends die, first in the struggle to bring down Mubarak and then again in the multiple uprisings that have taken place since, targeting the regime-friendly generals who replaced him.

 

 

Para continuar a ler o artigo do correspondente do The Guardian no Cairo – Jack Shenker – basta clicar aqui.

 



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Quarta-feira, 25 de Janeiro de 2012

(Menna Genedy, 'Egypt is the Land of Civilization’, 2011)

 

 

Countless languid women – abstract and figurative, sensual and monumental, modern and mythological – hang under the high-ceilings of a dustry building which resembles a recently deceased bank. This is Ibrahim Abd El-Rahman’s extensive collection of Egyptian paintings (I mentioned his gallery in my previous post on art in Cairo). Of these, perhaps the most striking are Ibrahim El Dessouki’selegant portraits (often of his wife, also a painter), which tempt comparison with Modigliani and Klimt. This collection of female forms – abstract and figurative, sensual and monumental – suggest certain trends in Egyptian painting and the nature of its buyers.

 

At Art Corner, a newish gallery in a Zamalek shop, two ink drawings lean casually against a wall. These are, I am told, the work of a French artist Paul Beanti, who came to paint the revolution and was arrested in Tahrir Square. The drawings give his account of arrest, attempted humiliation, striking back with satirical anger. The woman watching the gallery absent-mindedly whilst stringing a set of glass beads, goes to fetch one of Beanti’s paintings from the storeroom. When she returns, and the painting is removed from its bubblewrap, the exposed painting strikes me more than any of the other artists’ paintings on the walls: a composition in bright swathes of roughly applied orange, purple and yellow, the head of a sphinx emerges from within a haze of what looks like marker pen. The artist used sand and soil to give his work its roughness. The work made during his stay suggests he viewed his role as a foreign artist in residence in Cairo as that of agent provocateur (an interview in al-Ahram dutifully mentions that the artist’s main fascination – in his own [admittedly circumcised] genitalia – makes his work unacceptable in Egypt). These paintings look naked, aggressively so, insistently naïve. I wonder what art this revolution really needs.

 

Para ler o artigo completo de Orlando Reade, basta navegar até aqui.

 



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Terça-feira, 24 de Janeiro de 2012

 

Dos de los grandes fotógrafos que participan en la exposición 'Foto/Gráfica' en París comentan sus fotolibros, rescatados del olvido por Horacio Fernández (na foto)

 

Si lo dice el poseedor de una de las mayores colecciones privadas de libros de fotografía, debe de ser cierto o aproximarse a la verdad: "El fotolibro latinoamericano es el secreto mejor guardado de la historia de la fotografía". Martin Parr dixit. Para comprobar la nula presencia de exageración en esa frase, se puede acudir a Le Bal, el centro especializado en fotografía documental inaugurado en 2010 en París, para ver la exposición Foto/Gráfica. Una nueva historia de los libros de fotografía latinoamericanos, el muestrario de tesoros icónicos comisariado por el español Horacio Fernández que fue inaugurado la pasada semana en París.

 

Se trata de la première mundial de una exposición itinerante surgida a partir del libro El fotolibro latinoamericano, editado por RM y presentado el otoño pasado en Madrid. El público español tendrá que esperar a la primavera –o desplazarse hasta el XVIII distrito parisiense– para admirar esta exposición, que Antonio Sanz ha asegurado para la galería Ivorypress (Madrid) y Lesley Martin para Aperture (Nueva York), y que pasará también por Brasil y Argentina.

 

Fernández, cuya fotobibliofilia severa impulsó un esfuerzo titánico de documentación apoyado en su red mundial de informantes y oteadores, hace esfuerzos evidentes por quedar en segundo plano, a pesar del hito que supone lograr que Europa descubra las joyas que alberga la América Latina.  "La cultura latinoamericana siempre se ha defendido a sí misma como cultura letrada, pero esta muestra confirma la riqueza de la cultura visual en el continente", afirma. "No existe en todo el mundo una relación entre literatura y fotografía tan apasionante".

 

Para ler o artigo completo, basta navegar até aqui.

 



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Segunda-feira, 23 de Janeiro de 2012

 

 

Dar Al-Ma’mûn é um centro internacional para residências artísticas, localizado em Tassoultante, uma povoação a 14 km de Marraquexe, no Vale de Ourika. Anualmente o centro recebe entre 15 a 20 artistas marroquinos e internacionais, existindo apoio para a produção das suas obras bem como um programa de visitas personalizadas aos ateliers por profissionais internacionais (críticos, curadores, instituições). Próximo prazo final para candidaturas: 5 Março 2012.

 

Mais informações em francês, inglês e árabe, no website do Dar Al-Ma’mûn.

 



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Sexta-feira, 20 de Janeiro de 2012

(Fotografia de Miguel Manso, em Tunes)


Na Tunísia, no primeiro aniversário da Revolução do Jasmim, o programador e ensaísta António Pinto Ribeiro, procurou os sinais de mudança e encontrou todas as contradições e radicalismos dos períodos pós-revolucionários. Lembrou o 25 de Abril português: "São impressionantes as semelhanças." Mas responderam-lhe: "Na vossa revolução, vocês não tinham um deus tirano a intervir em favor de uma das partes."  
 
Dezenas de homens vestidos de escuro estão sentados nas esplanadas e nos cafés e fumam muito. Outros, de pé, ocupam os passeios da rua em grupos, alguns de mãos dadas. São novos, velhos, a maioria tem um ar triste. Calcula-se que o desemprego ronde actualmente os 20% ou 30%, sendo que haverá regiões da Tunísia, em particular na costa e no Sul, em que pode atingir os 40%. São raras as mulheres sentadas nos cafés da Avenida Habib Bourguiba. Acontece às vezes entrar uma, directa ao balcão, tomar um café de pé e voltar a sair sem desviar o olhar da direcção por onde caminha. Muitas usam o véu e algumas o niqab, o véu que tapa completamente o rosto. Onde está a revolução?  
 
É Inverno, o frio obriga a usar agasalhos pesados, um vento sopra dia e noite e dói. Um ano depois da Revolução do Jasmim, que começou a 14 de Janeiro de 2011, em Túnis, capital da Tunísia, dias depois de o jovem Mohamed Bouazizi, vendedor ambulante de frutas e legumes, se ter imolado pelo fogo. Nesse dia, começou o fim da ditadura de vinte e cinco anos de Ben Ali. Hoje, muitas ruas continuam encerradas ao trânsito, praças e secções de avenidas estão cercadas por grandes rolos de arame farpado produzido exclusivamente por fábricas militares. Alguns tanques ocupam as praças, mas parecem ao abandono, tendo apenas um ou dois soldados muito jovens a guardá-los. Onde está a revolução?  
 
A medina tem actividade comercial reduzida e são poucos os turistas que por ela passeiam. Na Avenida de França, os homens a vender casacos forrados de lã não param quietos no passeio para não gelarem. O casaco numa das mãos, a outra metida no bolso das calças. Alguns, muito poucos, atrevem-se a vender dois, um em cada mão.  
 
Quando os palácios oficiais e particulares da família de Ben Ali foram tomados, os revoltosos encontraram milhões de dinares e ouro. Os taxistas fizeram as contas e dividiram pelos 10 milhões de tunisinos. Agora cada um reclama a sua parte e não entende por que o dinheiro não foi todo entregue ao povo. Onde está a revolução?  
 
A Faculdade de Letras e das Artes de Manouba esteve encerrada em Dezembro e parte de Janeiro porque duas estudantes queriam assistir às aulas com o rosto tapado com o niqab, o que é contrário a todos os regulamentos universitários. Depois de verem recusada a entrada nas salas de aula – podem frequentar muitos dos espaços universitários, inclusivamente a biblioteca -, boicotaram as aulas com a ajuda de militantes salafistas e agrediram professores. É a pressão dos fundamentalistas do Ennahda, o partido que ganhou as eleições para a assembleia constituinte e formou um Governo que deveria ter carácter provisório e ser semipresidencialista.  
 
Contudo, o primeiro-ministro Hamadi Jebali controla todos os poderes e o Presidente Moncef Marzouki, que vem da luta pelos direitos humanos, insuspeito de ser antidemocrata, não representa mais do que um papel decorativo. Por outro lado, e apesar de não ocupar qualquer cargo governativo, Rashid al-Ghannushi, o dirigente do partido Ennahda, é quem controla o poder, ambicionando tornar-se o guia espiritual da Tunísia, numa espécie de versão árabe dos ayatollahs, e é na verdade o primeiro-ministro e ministro dos Negócios Estrangeiros oficioso.  
 
De qualquer forma, no meio dos quarenta ministros que compõem o Governo, que é um Governo de alianças, são grandes as contradições, com o ministro da Cultura, o sociólogo Ezzeddine Bach Chaouech, a reclamar que o direito à liberdade de criação e de expressão seja inscrito na Constituição. Ao mesmo tempo, deputados da maioria reclamam que se inscreva na mesma Constituição a obrigatoriedade de os cursos nas universidades serem interrompidos durante as cinco orações diárias dos muçulmanos. Não necessariamente inscrito na Constituição, mas como regulamentos escolares, está a pretensão de interditar as turmas mistas, proibir a leitura e o estudo de Madame Bovary, de Flaubert, acusada de ser prostituta e Nietzsche de ser ateu. Onde está a revolução?  
 
Cravos por jasmim  
 
São aos milhares as armas que circulam entre os cidadãos, a maioria roubada durante os primeiros dias da revolução. Há pequenas manifestações todos os dias, seja para contestar decisões tomadas pelo Governo, seja de grupos na reivindicação dos seus interesses, seja de natureza explicitamente política, como aquelas dos jornalistas contestando a nomeação de dirigentes islamistas para os órgãos do Estado, seja dos intelectuais e dos artistas ocupando em permanência uma praça frente à sede do Governo.  
 
Muitos dos muros da cidade que foram grafitados depois de 14 de Janeiro já desapareceram, tapados por cartazes publicitários ou tapumes que preparam a construção de novos bancos ou condomínios.  
 
Contudo, alguns tunisinos com sentido da História e da memória fotografaram e filmaram a maioria desses murais e grafittis.  
 
Onde está a revolução é a pergunta que faz o visitante apressado ou o tunisino já decepcionado com a falta de emprego, a falta de estabilidade social e económica, a queda assustadora do turismo, uma das mais importantes fontes de receita, as tensões sociais e a deriva política aparentemente inesperada que foi o voto maciço no partido Ennahda.  
 
E, no entanto, a revolução existe. A liberdade de imprensa é um facto que se traduz nos editoriais, no jornalismo de investigação, na cobertura sem restrição dos acontecimentos sociais e nas páginas do internacional.  
 
Se durante a ditadura eram muitos os tunisinos que acediam clandestinamente aos canais de televisão, na actualidade, isso é um facto na grande maioria das casas da classe média, que podem aceder a mais de 3.000 canais oriundos só do golfo e dos países do Médio Oriente, a que há a somar os canais franceses, espanhóis, a BBC e a CNN.  
 
E a abertura de editoras, a publicação de livros de autores tunisinos, as traduções, as novas livrarias. A Millefeuilles, a mais famosa livraria de Tunes, que existia muitos anos antes do 14 de Janeiro e deve o seu nome a ter sido antes uma pastelaria, teve de acrescentar prateleiras para poder expor todos os livros que agora já pode vender em liberdade.  
 
A revolução ainda está na rua, uma frase a fazer ecoar a revolução do 25 de Abril de 1974, que é uma evocação permanente de cada vez que se fala do modo como o 14 de Janeiro aconteceu e de cada vez que se pergunta sobre o futuro deste país.  
 
Na verdade, são impressionantes as semelhanças, uma espécie de filme, de um clássico que corre diante dos olhos nas ruas e nas reuniões em Túnis com tunisinos. A liberdade do debate tantas vezes excessivo na forma, a crítica intempestiva e a ironia são traços desta similitude.  
 
Num teatro, o público de uma comédia de costumes sociais, uma espécie de teatro de revista, aplaude entusiasticamente de cada vez que uma personagem salafista ou membro do Governo é caricaturada ou criticada, o Facebook e o Twitter continuam dinâmicos – são muitos aqueles que, talvez por precaução, continuam sob nomes falsos a colocar posts ou a twitar.  
 
As revoluções fazem aparecer o que de melhor e de mais horrível está latente numa sociedade. A Revolução do Jasmim não escapa a esta constante. Daí não poder ser surpresa que, a par com a generosidade e a intervenção cívica, tenham emergido também os fanatismos religiosos e as vontades totalitárias. A este propósito ainda perguntei se alguma companhia de teatro teria montado recentemente O Parque, de Botto Strauss, ou Hamlet Machine, de Heiner Muller.  
 
Parece que não. Isto porque o teatro foi das poucas artes toleradas pelo regime de Butos Ali, que, sabendo do impacto reduzido que teria sobre a maioria da população, com taxas de analfabetismo elevadas e alheia na sua quase totalidade ao teatro, lhe permitia vender uma imagem de Governo tolerante.  
 
Mas o mais interessante neste contexto, é que, depois da euforia revolucionária, da vontade de mudar a cidade, o país e o mundo no dia seguinte, da sensação de que tudo é possível, vem depois o cansaço, a ressaca, o desencanto.  
 
Tudo isto estava presente no colóquio organizado pelo festival Rencontres Théâtrales de Cartago, um festival internacional que conta maioritariamente com a presença de companhias do Médio Oriente, do Magreb, algumas da África Subsariana e poucas companhias europeias apresentadas pelos seus institutos de origem, seja o Goethe, o Instituto Francês e outros.  
 
O tema do colóquio era o Teatro e a Revolução, discutido por actores, encenadores, jornalistas e programadores, na maioria da região mediterrânica. As discussões eram acaloradas, muito especialmente sempre que intervinham os tunisinos, os iraquianos, os sírios.  
 
Tratava-se da urgência de encontrar um teatro revolucionário ou de fazer o teatro seguir a revolução. A disciplina era difícil de manter por qualquer moderador, os pontos de ordem à mesa sucediam-se, houve tentativa de boicote de uma reunião, por muitos considerada anti-revolucionária. Na verdade, assistia-se à aprendizagem trôpega da democracia em funcionamento, de muito ressentimento e de vontade genuína de alterar o estado da situação cultural. Mas deve-se acrescentar que também se tratava de assistir ao conflito entre o velho – o velho teatro, os velhos responsáveis pelas instituições culturais da Tunísia, os velhos argumentos do teatro da identidade tunisina (quando, na verdade, o teatro começa na Tunísia, como em todo o Médio Oriente, só no século XIX...) – e o novo, pouco representado ou pouco expressivo, porque ou não estariam presentes os seus actores ou porque não saberiam como se fazer ouvir num ambiente tão conflituoso.  
 
Mais uma vez, alguém pergunta como foi o teatro e a revolução de Abril e é importante dizer que houve também um momento de excesso de expectativas nos dias seguintes, quando se pensava que muitas obras-primas sairiam das gavetas onde tinham sido fechadas pela censura e, na verdade, tal não aconteceu ou aconteceu pouco simplesmente porque, sob um regime de ditadura, é muito difícil criar. E que, por este motivo, surgiu a decepção, mas que foi possível, depois, construir um teatro em democracia com muitos textos importantes, com encenadores e actores notáveis, que foi possível construir um teatro contemporâneo em liberdade. Mas que tal demorou tempo, alguma disciplina e recursos financeiros e aprendizagem da profissão e da democracia.  
 
E quando perguntaram que ameaças existiam entretanto, tentei chamar a atenção para formas demagógicas da cultura artística que podem surgir: a obsessão por uma arte da identidade que pode acabar num nacionalismo patético e isolacionista, o kitsch como forma de expressão artística e política populista e a vitimização do artista, que é uma forma de chantagem inadmissível sobre a sociedade. E que o que acontecia neste momento na Tunísia como no Egipto era que aquilo que se designa como o cultural ainda estava acontecer na rua e era prioritário vivê-lo.  
 
Viver em liberdade  
 
A laicidade do Estado e a instauração da democracia são as questões de fundo e as razões das tensões e dos conflitos que hoje emergem na sociedade tunisina. O editor Karim Ben Smail é um tunisino com uma formação feita em França e nos Estados Unidos mas há muito residente em Túnis, e orgulha-se de ter publicado e distribuído na clandestinidade obras relevantes para os seus leitores durante a ditadura. Agora edita sobretudo ensaios porque é a "experiência de viver em liberdade", ensaios em especial de psicanalistas e de jornalistas, os romances novos e a nova ficção vão precisar de mais tempo. Como em Portugal, digo eu. É um dos intelectuais que se puseram a estudar a revolução dos cravos quando o 14 de Janeiro aconteceu. Também ele repete que são muitas as semelhanças entre as duas revoluções, mas que há um "detalhe" substantivo: "Na vossa revolução, vocês não tinham um deus tirano a intervir em favor de uma das partes", diz, glosando assim aquilo que é a manipulação pelos islamitas integrados no partido Ennahda, a quem responsabiliza pelo abuso dogmático na interpretação do Corão e nas tentativas de controlo total e regimentado da sociedade tunisina. Ainda lhe digo que, à época, houve alguns membros da Igreja Católica que tiveram em Portugal um comportamento abusivo, mas há que reconhecer a diferença, que é fulcral e que começa necessariamente na tentativa de impor uma ditadura do quotidiano dos tunisinos. Em seguida, diz-me também da sorte que tivemos de, à época, termos parte de uma Europa democrática a ajudar Portugal financeiramente mas, principalmente, a integrar as regras da democracia. O que eles têm mais presentes são regimes ditatoriais do golfo ligados aos salafistas a apoiarem as facções mais retrógradas do mundo muçulmano.  
 
Para eles, os tunisinos, a Europa está tão perto quanto distante. Na verdade, Túnis está a 30 minutos de avião de Palermo, a 40 minutos de Malta, a 1h20 de Genebra, a 2h30 de Paris, a 3h de Lisboa e, contudo, a Europa a que pertencem estas cidades está muito distante na solidariedade concreta e é suspeita de, para conservar os seus interesses comerciais, ser incapaz de solidariedades políticas para os protagonistas e herdeiros da Revolução do Jasmim.  
 
Na Avenida de França, defronte à loja dos Artigos de Desporto do Magreb, um homem sentado no chão aluga a sua balança aos transeuntes por um preço equivalente a 30 cêntimos. No mesmo passeio, poucos metros à frente, vendem-se postais ilustrados da Tunísia. A maioria são postais de Túnis no Verão com fotos coloridas por buganvílias vermelhas a treparem eufóricas pelos muros e pelas casas brancas da cidade.  

 

António Pinto Ribeiro

 

(cf. artigo no Público, 19.01.2012)

 



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Quinta-feira, 19 de Janeiro de 2012

(Installation view)

 

Destaque para a mais recente exposição individual da artista Nandipha Mntambo, que no verão de 2011 participou no Programa PRÓXIMO FUTURO com a instalação "Casulo" nos Jardins da Gulbenkian.

 

The exhibition comprises sculptures and drawings made with cowhide and cow hair, and paintings in oil on canvas. Unlike the distinctive figurative forms that the artist has previously made familiar to us, the drawings and paintings are abstract and ambiguous. They could also be perceived as parts or fragments of bodies such as bums, elbows, bellybuttons or toes, or the ears, nose, mouth, anus and vagina through which we draw in and expel life forces.

Mntambo describes the impulse behind The Unspoken:

 

The work I am making gives form to the loud silences in our lives that seem to be hidden but are actually in plain sight, if we choose to see them - or the conversations that one only ever has with oneself, even though others are having similar conversations, also with themselves. In terms of forms, I think of folds, holes, bumps, crevices and spaces that are indeterminate in some respect. They engage our attention and draw us into a space, but an element always remains hidden from view, never fully revealing itself. In this way we are reminded of the sentences that are edited out of our exchanges even though others may well be aware of our unspoken thoughts and feelings.

 

 

Para saber tudo sobre a exposição, basta navegar até ao website da galeria Stevenson.

 

 



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Quarta-feira, 18 de Janeiro de 2012

New direction: Baloji put behind him the life of an illegal migrant who survived for years through petty crime

 

Congolese star Baloji tells Mark Hudson how he conquered adversity to ascend to a global stage

 

'When you’re at the airport, about to be deported, there’s no friendly cop to tell you you can phone your family,” says Congolese rapper Baloji. “That happens in films, not in reality. I was crying, telling them I didn’t want to go. Congo is my country, but I’d been living in Belgium for 20 years. That was the moment I realised the strength of my connection to Europe.”

 

One of the most exciting talents to emerge over the past year – his current album Kinshasa Succursale is a superbly nuanced blend of verbal passion, traditional Congolese sounds, funk and reggae – Baloji could be the artist to give African rap a truly global profile. Despite the massive popularity of rap on the continent itself, and isolated successes such as Somali wordsmith K’Naan, the international perception of African hip hop has been of imitative gangsta rap at one end of the spectrum and bland positivism at the other.

 

Baloji, however, has the great advantage of being able to look at Africa from both inside and outside. He understands the contradictory position of the African in Europe having plumbed it to the depths in his own life. Commanding in performance, philosophical in conversation, he has been, in more difficult stages of his life, just the sort of shiftless, stateless marginal person who puts the wind up settled Western society – a sometime illegal migrant who survived for years through petty crime.

 

Para continuar a ler o artigo sobre o músico Baloji, que a 26 de Junho de 2011 deu um concerto memorável no Anfiteatro ao Ar Livre da Gulbenkian, no âmbito do Próximo Futuro, basta clicar aqui.

 

 



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Próximo Futuro é um programa Gulbenkian de Cultura Contemporânea dedicado em particular, mas não exclusivamente, à investigação e criação na Europa, na América Latina e Caraíbas e em África.
Orquestra Estado do Mundo
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