Segunda-feira, 22 de Agosto de 2011

 

"Me gustan los estudiantes"

por Cergio Prudencio

 

Me gustan los estudiantes, pero los chilenos, aclaro. Son aves que no se asustan de animal ni policía, decía de ellos Violeta Parra, una de las proscritas del pinochetismo que recién empieza a resquebrajarse, tras casi cuarenta años de hegemonía estructural (y que me perdone la Concertación). Reconforta la lucidez y la elocuencia de estos muchachitos a la hora de argumentar, movilizados desde el sentido común recuperado al fin. Chile se mueve. Era hora.

 

Y no le asustan las balas ni el ladrar de la jauría, sigue cantando Violeta, porque los estudiantes fueron históricamente el fermento de las ideas nuevas y transformadoras en un país duramente dialéctico en su dinámica política. No se explica Allende, sin ellos; fueron su sustento hasta en las últimas horas, pero tampoco se explica Pinochet, por antagonismo y paradoja. El aniquilamiento de la fuerza estudiantil lo perpetuó hasta ahora mismo en la urdimbre del poder, y para ello hizo de la educación un orden sin ápice de cabida al cuestionamiento. Señores, subordinación y constancia, habría dicho.

 

Pero esas estructuras son ya insostenibles, me gustan los estudiantes que marchan sobre las ruinas. Y me emociona la convicción adolescente reclamando para sí una educación de calidad y para todos. Piden eso, nada más, nada menos, sin claudicar ante anuncios rimbombantes, porque levantan el pecho cuando les dicen harina, sabiéndose que es afrecho. ¡Violeta vive, caray!

Cuando se encumbró Piñera le pregunté a una entrañable amiga chilena, ¿por qué Chile vota como vota? Ella me emplazó, primero dime tú cómo vota Chile; y el diálogo murió ahí. Así votó Chile, contra sí mismo, le diría hoy. Era totalmente previsible que – una vez en funciones – el actual presidente de ese país actuara en consecuencia con su perfil previo, el de un empresario que entiende a su país como empresa y a sus ciudadanos como mercado. Algo de eso aprendimos los bolivianos en nuestro momento, voto de por medio, también, hay que reconocer; y nadie aprende con la experiencia del otro, claro.

 

No obstante, asombra la determinación de estos retoños. Parece un milagro que hayan revertido las amarras con que crecieron; las del ensimismamiento tecnológico, las del acecho alcohólico y narcótico, las de la incomunicación, las de la ignorancia de la propia historia, y tantas formas de las que se vale don sistema para neutralizar desde el vientre cualquier intención transformadora. Que vivan los estudiantes que rugen como los vientos cuando les meten al oído sotanas o regimientos, pajarillos libertarios igual que los elementos.

 

Se me pone violeta el corazón con este movimiento, porque mi propia adolescencia se nutrió mucho de Chile, en verdad. No me explico a mí sin la Violeta, sin Neruda, sin la Cantata Santa María, sin Víctor Jara, sin la Harnecker, sin el voto por el socialismo, aunque no pueda dejar por fuera de la lista la tragedia del 11 de septiembre del 73, que se aferra aún al calendario. Caramba y zamba la cosa.

 

 

Texto publicado no Diário Nacional da Bolívia. Cergio Prudencio é músico, compositor e director da Orquestra Experimental de Instrumentos Nativos, sediada em La Paz. Foi um dos investigadores internacionais que participaram em Maio último no 5.º Workshop de Investigação do PRÓXIMO FUTURO, dedicado ao "Estado das Artes em África e na América do Sul".

 



publicado por Próximo Futuro às 09:00
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